lunes 29 de diciembre de 2008

Sobre el público y los aplausos (Ensayo)

Viernes, 26 de diciembre de 2008

Ricardo E. Tatto

Aprovechando algunos comentarios que se han escrito en esta sección sobre los protocolos laxos o los rigores disciplinarios a los que uno se ve obligado dentro de los espacios culturales sacralizados, vale la pena detenernos un momento para discurrir a este respecto, sobre el público, los aplausos y los espacios.
Siempre he sido agrio crítico de las cúspides catedralicias de índole cultural y artística, ya que si bien promoviendo y difundiendo dichos eventos al acercarlos a la gente se ganan adeptos, también existen sus bemoles cuando se trata de popularizar en demasía cierta manifestación artística, de cualquier disciplina que se trate.
Lo anterior lo menciono porque popularizar lo académico -o academizar lo popular, que es casi lo mismo-, conlleva ciertas pérdidas en el nivel interpretativo y de apreciación que al ejecutante y al espectador conviene respectivamente. Esto viene a cuento por dos posturas disímiles en cuanto a ello, la del amigo Conrado Roche, y la de un servidor.
En su reseña del viernes 12 de diciembre, comentó que los yucatecos “no somos dados como audiencia a ser muy expresivos en nuestras manifestaciones de entusiasmo”. Lo cual no me parece del todo acertado, ya que más que reacios, son dados al aplauso fácil y a exigirle poco a los artistas que nos visitan y que al ofrecer un espectáculo, desde antes de comenzar ya se tienen ganada la simpatía del público.
Sin ser esto una crítica a la virtud y amabilidad de los yucatecos, cuando se trata de medir, sopesar y criticar una manifestación artística, lo anterior queda fuera de toda consideración, ya que es necesario ceñirse al mero hecho cultural sin dejarse llevar por las frecuentes loas y aplausos que escuchamos cada semana.
Ahora bien, los aplausos tienen su momento y razón de ser. Es una expresión de entusiasmo, un reconocimiento en gratitud por algo que los artistas nos han dado. Pero para que ese momento llegue, primero el artista debe probar su valía, así sea Plácido Domingo. Una vez hecho esto, entonces sí, venga la lluvia de aplausos, los gritos, los bravos y los hurras; o, en su defecto, los abucheos y las rechiflas. ¿Cuándo fue la última vez que alguien asistió a un teatro meridano y escuchó una rechifla?
Por el contrario, al no mesurar nuestras ansias aplaudidoras, nosotros como público sí hemos provocado momentos bochornosos cuando algún director invitado viene a conducir nuestra sinfónica y palmeamos al finalizar cada movimiento musical de un concierto o sinfonía. Si bien el exabrupto no es condenable cuando es sincero, seamos honestos y admitamos que es un problema de falta de educación en materia artística, ya que no obedece a la interpretación en turno, sino a que automáticamente creemos que cuando ya acabó una canción debemos aplaudir. Es el temor al silencio, al vacío. La dolorosa verdad es que a muchas personas de las que acuden eventualmente a escuchar la orquesta nunca nadie les ha dicho que no se debe aplaudir entre movimientos. Simple y sencillamente lo ignoran, ocasionando que otras personas del público se vean obligadas a callarlos o pasar pena ajena. Roldán Peniche y Víctor Salas, asiduos melómanos y críticos musicales de la OSY, no me dejarán mentir.
Todo depende del contexto y del espacio en el cual se desarrolle un evento. Mientras que en el jazz sí se puede aplaudir al finalizar los solos o un pasaje memorable, es un error hacerlo cuando la pieza aún no ha terminado del todo, ya que los verdaderos jazzistas que ejecutan el interplay, en muchos casos pueden engañarnos y retomar la pieza y el tema justo cuando creemos que ha terminado. Pero si se palmea durante los estertores finales, les quitamos esa oportunidad de continuar sorprendiéndonos y a la vez nos perdemos de la sublime sensación de disfrutar los ecos de la última nota.
Hay que ubicarse, ya que no es lo mismo estar en un festival a la orilla de la playa (como el de Newport o la Riviera Maya), en una tocada en un bar o en la plaza grande, que en un concierto realizado en un teatro. Lo digo, aún con riesgo de ser tildado de “perenne snob” o de pretencioso, pero creo que es importante llegar a un consenso, en aras de que todos como sociedad disfrutemos del arte a cabalidad, en este caso la música, en condiciones adecuadas.
El motivo de las normas en los teatros tienen una razón de ser, y aunque a muchos les parezca un acto de esnobismo censurar con un ¡shhh! al que aplaude entre movimientos de una composición, no diría lo mismo si uno aplaudiera a la mitad de una película o contestara una llamada de celular en plena función. Son usos y costumbres cívicos que están implícitos, una cuestión de educación, lo mismo que no encender un cigarrillo en un sitio público rodeado de gente no fumadora aunque no esté señalada la prohibición: por simple y llano respeto.

Sobre el compromiso de escribir (Ensayo)

Lunes, 22 de diciembre de 2008
Ricardo E. Tatto

Un cuestionamiento constante que nos hacen a los que nos dedicamos a las letras es sobre el compromiso de escribir –claro, asumiendo que existe como tal-, pregunta válida que puede provenir de afuera o desde uno mismo al reflexionar sobre el acto creador en nuestras elucubraciones introspectivas.
La respuesta, en mayor o menor medida, depende directamente de cómo se asume uno al momento de escribir: las motivaciones, el objetivo, la intención, etc. Por lo que he escuchado, esencialmente el compromiso es con uno mismo y, si acaso, para con la palabra escrita.
En lo personal, yo comulgo con lo anterior por varias razones. Primero que nada, uno en sus lecturas y escrituras iniciáticas, sólo percibe el acto escribidor como un mero pasatiempo, una herramienta para verter las emociones; vaya, un asunto de catarsis textual.
Es así como muchos comienzan durante la secundaria y preparatoria, sin otro afán más que el de expresar las vicisitudes, emociones, pensamientos y ocurrencias de la vida cotidiana. Ahora bien, generalmente con los años llega el momento de elegir un camino, una vocación o un calvario profesional. A qué dedicarse.
Pero el escritor o periodista, una vez que se asume como tal, inicia su paseo por los terrenos de la profesionalización, donde los extensos vericuetos muchas veces se intrincan hasta confundir al que los recorre.
Que si los premios, la notoriedad, figurar en las páginas impresas, recibir sueldos y reconocimiento a lo escrito, son dádivas excepcionales que en ocasiones son otorgadas al talento, no es de la incumbencia de quien escribe con honestidad. Uno no lo hace por eso –me imagino-, sino por las ansias que se originan en el córtex cerebral y que desembocan en los dedos que golpean –o rozan- las teclas del ordenador.
Ya sea así o empuñando la pluma, la necesidad de lanzar sablazos verbales es lo que predomina en un escritor o periodista de buena cepa, que se regocija frente a la pantalla o el papel por el mero deleite de concatenar en una sintaxis lógica el significado –y significante- de las palabras.
El destino de dichos signos que evocan símbolos, metáforas y figuras del lenguaje, nos es ajeno al momento de transcribir nuestras reflexiones y pensamientos puramente introspectivos. Si bien el que se dedica al oficio como un modo de subsistir –aunque se malviva de ello-, a pesar de tener plena conciencia de que lo escrito podría acabar impreso, no lo sabe con certeza sino hasta después.
Ya sea en el periodismo o la literatura, uno nunca deja de percibir los caracteres escritos que nos rodean en forma de personas, ideas, sucesos o experiencias sensoriales. Uno nunca deja de pensar, de escribir, al ir por la vida observando a nuestro alrededor lo que pasa en la cotidianidad de los microuniversos que hemos construido.
Cada quien tiene su manera de describirlo -ya muchos escritores mejores que yo lo han hecho-, pero no puedo dejar de hablar desde lo único que conozco más o menos bien, ya que en mi caso, el flujo, el torrente que se precipita en forma de letras, aparece en mi mente como una marquesina electrónica multicolor que avanza de derecha a izquierda. Sí, como esos anuncios comerciales que vemos por las calles y que se encuentran en enormes cantidades por Times Square.
Siempre ha sido así e ignoro la razón que da como Génesis el pensamiento escrito; más ya no lo cuestiono: simplemente me dedico a transcribirlo sobre estas líneas bidimensionales.

El Festival Internacional de Jazz Yucatán 2008 (Música)

Martes, 23 de diciembre de 2008
Ricardo E. Tatto

En los días pasados, del 10 al 12 de diciembre para ser precisos, se realizó la primera edición del Festival Internacional de Jazz Yucatán 2008, con gran éxito de asistencia y cuyo balance general pretendo hacer en estas breves líneas. A continuación, una breve crónica musical de lo acontecido en cada uno de los tres días de duración del festival que fue albergado bajo los frescos del techo y la araña de cristal que pende del Teatro Peón Contreras…Día 1.- Louis Martinez Trio dio por inaugurado el festival. Sin embargo, la conjunción de maestro y alumno (Beto Palomo, bajo) no dio resultados. La línea melódica, los diálogos entre instrumentos de cuerdas, fueron infructuosos: demasiado influenciado por el jazz y la guitarra francesa, la música que tocaron fue plana, sin profundidad ni mayores sorpresas. Arturo Guzmán y Mauricio Bonfiglio como invitado cumplieron como bateristas, pero sólo eso. Hubiera sido mejor un duelo de guitarras, instrumento que caracteriza a Palomo mucho más que el bajo eléctrico.
Sylvain Luc aportó diversidad musical con su guitarra, con texturas y cambios que le otorgaron un matiz diferente a su intervención y que además permitieron que hiciera gala de sus habilidades prestidigitadoras, utilizando distorsiones tenues y efectos con las cuerdas, que lograron que durante la hora que duró su recital nadie se durmiera, ya que a pesar de estar solo con su instrumento, de ninguna manera ofreció música lineal o plana.
Hernán Hecht X-pression Quartet con Jonathan Kreisberg (desde NY) fueron sin duda los mejores de la noche. Esta agrupación fue la menos limitada de las que se presentaron ese día, ya que su propuesta musical incluía free jazz, hard bop, improvisaciones y ritmos irregulares (las llamadas notas prohibidas como algunos conservadores insisten en catalogar). Es decir, verdadero jazz contemporáneo fundamentado sobre el interplay, la manera en la que un grupo puede profundizar no sólo en un estilo musical sino en su capacidad personal de comunicarse, dándole a la música intensidad, humor, contemplación, sinceridad, lógica, originalidad, complicidad, etc. En esencia, es todo tipo de diálogo o actitud humana extrapolada a través de los instrumentos y sus ejecutantes al jazz en directo.
Además, su intervención fue de tal intensidad, que hizo que el Peón Contreras temblara hasta sus mismos cimientos, despertando a varios adormilados y provocando que varios de los presentes entre el público se mojaran los pantalones exclamando: “Por Manzanero, ¡esto no suena como la chica de Ipanema!”. Eso era justo lo que le faltaba a esta ciudad, escuchar a unos exponentes salidos de las profundidades del jazz contemporáneo mexicano, que nos mostraron cómo suena el jazz hoy en día, arte sin concesiones bolerísticas ni populares.
Día 2.- Louis Martinez y Sylvian Luc, guitarristas franceses que protagonizaron un verdadero duelo guitarrístico, nos deleitaron con una conversación entre cuerdas, cada uno en su muy particular estilo, que se combinaron a la perfección ofreciendo un recital que sí conmovió y entretuvo al público. Después, un palomazo de Palomo con Luc, que hizo otro tanto por el espectáculo musical.
Hector Infanzón Cuarteto fue el plato fuerte de la velada, tanto así que su participación pudo haberse programado para cerrar la noche. El cuarteto se distinguió por tocar un jazz latino fuera serie, lleno de percusiones e influencias afroantillanas, pero sin perder su propio estilo y composiciones originales provenientes del disco Citadino. Además, se apoyaron en las individualidades, ya que durante los solos cada miembro del grupo pudo demostrar su talento, en especial Armando Montiel, que es de los mejores percusionistas del país, aunque Infanzón en el piano, Aarón Cruz en el bajo y Giovanni Figueroa en la batería, no se quedaron atrás. Con tal sección rítmica, la apuesta fue segura y el público fue prodigo en ovaciones.
El Cuarteto de Mario Patrón fue excelente, si bien el tipo de jazz que tocaron fue de corte más introspectivo, sosegado, ideal para escuchar y abstraerse en la música, pero después de la intensidad despegada por el grupo antes mencionado y siendo tarde en la noche, mucha gente ya no se quedó a escucharlo. Lástima, si les hubiera tocado otro orden hubieran causado mayor impresión en el público. Sin embargo, eso no le restó nada a su interpretación.
Día 3.- JatinLazz de Mauricio Bonfiglio, que tuvo como invitados a músicos cubanos excelentes como Orlando “Cubajazz” Sánchez y la vocalista Danae Blanco, a pesar de tocar un repertorio popular con composiciones conocidas, no logró dejar una impronta entre los melómanos asistentes; si bien varias personas aplaudieron bastante, se debió más a la personalidad magnética de la atractiva cantante que a la música que tocaron. Por lo demás fue un jazz latino tradicional que lo mismo pudimos haber escuchado caminando por las calles del centro en la noche, por lo que no aportó gran cosa más allá de los invitados de la isla vecina.
El Cris Lobo Trío nos presentó un jazz espiritual, pródigo en composiciones originales y que motivaron a dejarse ir en una abstracción musical rica en imágenes melódicas y rítmicas. Y cómo no, si tanto Enrique Nery (pianista virtuoso) y Jaime Ferrara en el bajo, lograron amalgamarse de una forma totalmente orgánica con la guitarra del experimentado Lobo.
La Big Band de Yucatán cerró el festival con su participación, que si bien mostró una notable mejoría en cuanto a sus anteriores presentaciones, se quedó corto ante las demás bandas desplegadas durante los tres días que duró el evento. Abrieron con la conocidísima Sing, sing, sing, y continuaron con standards tradicionales dignos de Frank Sinatra. En la parte vocal, por momentos pareció que presenciábamos un concurso de karaoke, ya que James Meador debería ceñirse al trombón y ahorrarnos su tiesa y desentonada presencia en el escenario. Le siguieron Gary de Rose y Marco Antonio, cuyas voces se perdieron en el escándalo desacompasado entre orquesta y vocalistas, sin distinguirse con claridad ni uno ni otro. En su turno, Cony Ancona efectuó un risible intento de scat que haría que Ella Fitzgerald se revolcara en su tumba. Finalmente, Danae Blanco salvó la noche ganándose por completo a los asistentes que ya se daban por vencidos.
Con respecto al público yucateco, debo comentar que si bien muchos lo perciben como difícil y complicado, estoy en desacuerdo, ya que nunca ha sido reacio a los aplausos sino todo lo contrario, sus aplausos vienen fácil y de manera numerosa, lo mismo con un horroroso bossanova que con una obra maestra. Falta asertividad, señores, incluso para no aplaudir antes de que los músicos terminen su interpretación como sucedió en varias ocasiones, cortando el aliento de los intérpretes que a veces desean continuar por lo bajo. Lo mismo he observado en la Orquesta Sinfónica, incluso entre movimientos… es como aplaudir a la mitad de una película o cuando aún no aparecen los créditos.
Sin embargo, en un balance final el festival resultó todo un éxito, ya que no sólo logró una excelente entrada (los boletos sin costo se agotaron desde el primer día y muchos se quedaron fuera), sino que aglutinó algunos de los mejores exponentes del jazz contemporáneo mexicano e internacional. Ojalá se continúe con este esfuerzo de manera anual, ya que Yucatán tiene el potencial de convertirse en la mejor plaza jazzera del sureste. Lo anterior lo digo con conocimiento de causa, ya que durante el 27-29 de noviembre tuve la oportunidad de asistir al VI Festival Internacional de la Riviera Maya, que fue una decepción si lo comparamos con el nuestro, ya que aunque tuvo músicos de cierto renombre, resultó anacrónico para los presentes, que escuchamos smooth jazz hasta la saciedad. Es decir, puro jazz de crucero; con decirles que hasta me dormí en la playa junto a unas cervezas vacías… Con todo, felicito a Alberto Palomo y a Luis Luna Guarneros por la organización, que en esta su primera edición tuvo un éxito sin precedentes. Por lo pronto, en Campeche durante el mes de diciembre se realizó el IX Festival Internacional de Jazz, con invitados de la talla de Sacbé, de los hermanos Toussaint, Alain Derbez, Iraida Noriega, el grupo Xamán de los hermanos Mora y David Gilmore Band. Como vemos, vamos atrasados –pero cercanos- con respecto a nuestros vecinos estados, por lo que ya era hora que se realizara un festival de jazz con la magnitud del presenciado en el Peón Contreras. Vale la pena continuar con el esfuerzo anualmente; por lo pronto, esperemos que se repita.

Los Novos

Trovadores Cubanos en Mérida

Miércoles, 10 de diciembre de 2008
Ricardo E. Tatto

“Bolívar y Martí en su travesía cabalgan nuestra amada maravilla de futuro.
Si el día que viene amaneciendo algún valiente lo cabalga,
Habrá buen sol, habrá buen sol”

Los Novos

Con motivo de su presentación el jueves 11 a las 8PM en el Teatro Daniel Ayala Pérez, los hermanos Pedro y Roberto Novo, integrantes del dueto “Los Novos”, desde el lunes arribaron a Mérida para realizar actividades promocionales con miras a su concierto que, dicho sea de paso, será su primer recital en Yucatán, si bien ya se han presentando en diversos sitios de la república mexicana.
Oriundos de la localidad de Cienfuegos, Cuba, la trayectoria de estos hermanos dentro de la Nueva Trova Cubana se remonta hasta 1982, cuando tocaron juntos por primera vez. Desde entonces y hasta la fecha han tenido una profusa y activa participación en la vida cultural cubana, avalada por su obra artística como trovadores y creadores en general.
Y es que estos cienfuegueros no sólo son fundadores de la Nueva Trova Cubana en la región central de su país, sino que también se han presentado en escenarios internacionales de países como España, Brasil, Perú y Angola. Pero más que trovadores, Los Novos han sido considerados bajo el calificativo de cronistas musicales de su tierra, ya que no sólo le han cantado a su pueblo, sino a toda la isla de Cuba.
También han actuado junto a destacados cantautores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú y muchos otros artistas que ya son representativos del movimiento de la nueva trova; sin embargo, sus proyectos multidisciplinarios han dado como resultado que algunas de sus canciones sean musicalizaciones de versos de poetas como Nicolás Guillén y Antonio Guerrero.
Esta familia de cantautores tiene más de 300 canciones originales en su haber, por lo que no es de sorprender su extenso currículum, ya que Los Novo están considerados Personalidades de la Cultura Cubana, son miembros fundadores de la UNEAC (Unión de escritores y Artistas de Cuba en Cienfuegos) y Miembros de Honor de la Asociación de Jóvenes Artistas.
Además, son miembros de la ACDAM y de la SGAE (sociedades de derecho de autor musical) y en el 2003 recibieron el Diploma al Mérito Artístico otorgado por el Instituto Superior de Artes de Cuba. No menos significativa fue la invitación del Embajador de Francia en Cuba para tomar parte en las actividades por el Día de la Fiesta Nacional Francesa en 1994; la medalla XXX Aniversario de la Caída del Che en 1997; la carta de felicitación del Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en 1998; el premio en el Cubadisco 2001, por la producción musical y orquestaciones del volumen Amanecer feliz.
En fin, qué más les puedo decir. Según Pedro Novo, al referirse al recital que ofrecerán en esta ciudad, trascendió que “el programa comprende canciones de nuestra autoría; canciones escritas a lo largo de toda nuestra vida artística, dedicadas a nuestra ciudad y a Cuba con su vida cotidiana en general, así como otras canciones de autores -trovadores fundamentalmente- de todos los tiempos que de una u otra manera han incidido en nuestra obra. Así, tendremos composiciones de Miguel Matamoros, Eusebio Delfín, Sindo Garay, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, entre otros”.
El concierto tendrá una duración de 90 minutos aproximadamente y el costo será de $50 para adultos y $30 estudiantes. Para más información visiten su espacio en la red:
www.myspace.com/losnovos. Nos vemos ahí.

Vivir el arte toda la vida (Entrevista a Rolando Arjona Amábilis)

Noviembre, 2008
Ricardo E. Tatto


El maestro Arjona Amábilis trae 88 años a cuestas y carga más de 90 murales en el pincel. Ha sido artista la mayor parte de su vida como pintor, fotógrafo, escultor, heraldista y continúa trabajando en la actividad de las artes plásticas. Hombre enjuto, de cabellos canos y ojos azules, durante su estancia en Mérida con motivo del homenaje que se le rindió el pasado agosto en el Centro de Artes Visuales, tuve oportunidad de entrevistarlo sobre diversas cuestiones. Don Rolando es un gran conversador y cuenta con miles de historias plasmadas en el caballete y en paredes monumentales a lo largo de todo el mundo, por lo que cedo la palabra a tan afable caballero:
Estudié en Bellas Artes cuando Alfonso Cardone era director, en aquel entonces la sede se ubicaba en el Palacio Cantón. Algunos de los maestros que tuve ahí fueron Aurelio Juárez, Rubio Milán, Manuel Cachón, etc. También Fernando Castro Pacheco fue alumno ahí y compañero mío.
Posteriormente, por intrigas políticas sacaron a Cardone y se fundó la Escuela Popular de Arte , de la que también egresé. Algunos de mis maestros me recomendaron que probara suerte en la capital, ya que no veían futuro a un artista que se quedara en el estado. Así que mi padre me ayudó con el boleto de tren y me fui a la ciudad de México; no me fue tan bien como esperaba, ya que carecía de recursos y trabajaba de pintor de brocha gorda: cantinas, anuncios y espectaculares fueron mis primeros lienzos, todo con tal de ganar dinero. Me fui en el invierno de 1938 y presencie el grito de independencia en el zócalo que se encontraba lleno de pequeños jardines cuando Lázaro Cárdenas era presidente.
¿Qué pienso de la reforma energética? No estoy a favor ni en contra, pero es una cuestión muy peligrosa ya que la nación podría perder un patrimonio enorme. La política no debería actuar como política, sino como un ser humano mexicano. El pueblo de México vive en la miseria y a mí que no me cuenten, he viajado por todo el país y la pobreza que observé hace 70 años la sigo viendo ahora”,
respondió tajantemente a mi pregunta.
En una ocasión caminaba por la Lagunilla y vi que un señor pintaba un enorme escudo de México, las manos le temblaban y no lo hacía bien. Le pedí al encargado que me diera trabajo, ya que yo podía pintar mejor ese escudo. El tipo se empezó a reír: Te voy a pagar un peso por día y sólo si me gusta tu trabajo. Le gustó y me dijo: Espera muchacho, quédate con nosotros, que aún me faltan muchos escudos por pintar. Así fue como me inicié en los murales e inclusive en la heráldica de manera inadvertida.
Con el tiempo mejoraron las cosas, empecé a desarrollarme como pintor y obtuve buenos trabajos. Fui maestro en La Esmeralda, Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado; también director del Centro de Artes Plásticas y Artesanías Independencia del IMSS, así como director artístico de un taller se mosaicos italianos donde supervisé más de 4,000 metros cuadrados de murales en mosaico de vidrio, que se instalaron en New York, San Francisco, Hawaii, Japón, etc.
El 25 de enero de 1977 comencé como director de La Esmeralda al entrarle al quite cuando el anterior no pudo con la labor. Estuve ahí 6 años, hasta 1983. Luego Bellas Artes tenía un convenio con el Ministerio de Educación y Ciencia en España, y llevaba dos meses con los boletos y todo listo para realizar el viaje, cuando me hicieron una mala jugada y querían enviar a otra persona que era el consentido e inclusive cancelar el programa: Si me quitan mis boletos de avión les prometo que los voy a demandar, les amenacé seriamente y muy enojado. Así que me fui a España y después de hablar con las autoridades, abrí el intercambio cultural educativo para directores y estudiantes España-México. Con el paso de los años el intercambio se volvió multinacional, y aún permanece hasta la fecha.
A mi regreso al país muchas otras cosas me sucedieron. En una ocasión en Monterrey me encargaron unos murales, en especial uno que se mantuvo en secreto durante su producción. Un día, ya casi terminado el mural, llegaron tres soldados muy formales a entregarme una orden de poner el retrato del presidente de la república, Miguel Alemán, dentro del mural. Ni modo, tuve que acceder; él estuvo presente durante la inauguración. Tiempo después me llamó el rector de la Universidad de Nuevo León para darme una noticia: durante un conflicto estudiantil hubo una revuelta y le prendieron fuego al mural, que desapareció instantáneamente por los materiales que había utilizado. Por eso siempre he dicho que ningún gobernante vivo debe estar en los murales, eso es algo que sólo decide la historia”.
“Mis murales y mi pintura de caballete son polifacéticos. A estas alturas puedo mencionar 3 obras que tienen una jerarquía marcadamente mexicana: “El primer mestizaje” (4 x 10m), que se ubica en 1511 durante el naufragio de Gonzalo Guerrero (actualmente expuesto en una sala del Museo de la Ciudad). “Horizonte de justicia” que se encuentra en el edificio de la PGR en la Ciudad de México y que hice en 1999. El otro es “Códice de la nación mexicana”, que va de 1116 hasta el 2008 y en adelante. Ese mural me lo encargó la Secretaría de Gobernación para plasmarlo en el Archivo Histórico General de la Nación pero no se concretó, así que me quedé con el dibujo y el diseño. Lo he propuesto aquí en Mérida para que cuando mi mural del Museo de la Ciudad se vaya a un hotel que están construyendo actualmente en la riviera maya, en su lugar pueda ejecutar ése. Es un mural que comencé a conceptualizar en 1995. Ojalá acepten la propuesta, ya que es fundamental que el público en general pueda conocerlo, en especial ahora que los niños y sus maestros no saben nada de la historia de México.
También parte de mi trabajo es dedicarme a la heráldica, que tiene sus normas y leyes de distribución gráfica que aunque tengan siglos de establecidas se siguen aplicando con motivos modernos. Durante el mandato del gobernador Manzanilla Schaffer (1988-1994) se convocó para realizar el escudo del estado de Yucatán. Yo me encontraba fuera del país, pero a mi regreso me encontré con un paquete confidencial con el nuevo escudo y ese mismo día, después de analizarlo, llamé a Mérida para impugnarlo. El concepto y diseño fueron de Juan Francisco Peón Ancona (actualmente uno de los cronistas de la ciudad), quien se equivocó en varios aspectos, de lo cual di cuenta en ése entonces a la prensa local levantando ámpula en varios sectores y granjeándome enemigos por ello”.
“Primero que nada, se supone que el venado es uno de los símbolos emblemáticos en Yucatán, pero en el escudo lo que vemos no es un ciervo plenamente desarrollado, sino un cervatillo saltando una planta de henequén. Es incorrecto, porque para empezar, ¡un ciervo no saltaría un henequén ni aunque se bebiera dos galones de Xtabentún!”
, exclamó con sentido del humor.
“La palabra ciervo tiene más de 20 derivaciones, de las que provienen Cervantes, autor del Quijote, e inclusive Cervera, dos veces gobernador del estado”.
“Segundo error: el henequén, aunque tuvo su época de gloria, no es acorde con los tiempos
(en lo personal me inclino a pensar que fue incluido adrede, para recordarles a la casta divina sus tiempos de hacendados esclavistas).
En realidad existen símbolos más representativos que merecen estar en el escudo. Por ejemplo, si algo tiene Yucatán es sol, es decir, luz, energía; en el escudo tenemos un sol raquítico que no es completo, tiene tan sólo 5 rayos que emanan de el, mientras que las reglas especifican que un sol heráldico completo se compone de 16 rayos y uno medio de 9, por lo que no se explica que se encuentre en el lado siniestro superior del escudo.
Además, en la bordura hacia el oriente y poniente tiene una espadaña española a la altura de la mitad del escudo, y en el inferior y superior unos arcos mayas. Pues bien, una de las espadañas españolas más grandes del país se encuentra en Izamal, así que la del escudo si acaso sería la fachada de una capillita. De encima, los arcos mayas parecen frascos de Gerber si se les observa con detenimiento. En resumen, más que un escudo, parece un logo publicitario mal hecho.
A principios de los noventas tuve una comparecencia ante 22 diputados y el presidente de la gran comisión a puerta cerrada para tratar ese tema: ¿Qué sucedió ahí? Pues hubo mucha carcajada y nada de seriedad”,
me contó decepcionado. Cuando diseñé el escudo de Sinaloa llevaba 19 años de estudiar la heráldica; actualmente llevo 69, así que yo sé de lo que hablo y lo puedo comprobar. Si alguien quisiera entablar un diálogo conmigo estoy abierto a propuestas. No quiero pleitos ni ofender a nadie. Sólo defiendo a Q. Roo, cuyo escudo igualmente es erróneo, porque actualmente resido en Cancún y me molesta verlo todo el tiempo; también a mi estado, Yucatán, para que no siga haciendo el ridículo con el escudo actual, un mero logotipo poco serio para la historia de esta tierra.”

Crónicas Roldanianas

Jueves, 28 de noviembre de 2008
Ricardo E. Tatto

Con clima frío y bajo árboles de zapote y aguacate, numerosos asistentes se congregaron en el patio del Prohispen con sólo un motivo: la presentación de un libro marcadamente roldaniano, “Crónicas del asombro”, que como el lector adivinará tiene detrás como artífice a Roldán Peniche Barrera, destacado cronista, historiador, escritor y, por supuesto, añejo colaborador de Por Esto!.
Fungieron como comentaristas Enrique Martín Briceño, Margarita Díaz Rubio y Roger Metri Duarte, en el evento que se realizó el pasado miércoles 26 de noviembre, a las 8PM, en las instalaciones del Patronato Pro Historia Peninsular que, en su constante auxilio de Doña Memoria, nebulosa y olvidadiza dama, una vez más ha sacado a la luz una recopilación de pasajes yucatecos de tiempos pasados para regocijo de investigadores e historiadores, pero sobretodo de las nuevas generaciones que en lo futuro podrán encontrar en dicha publicación un compilado de cuantiosas notas o fichas informativas correspondientes a episodios empolvados –más no menos interesantes- del Yucatán de antaño.
Y es que a lo largo de los últimos 8 años –si no es que toda la vida-, el siempre afable y acucioso Roldán se ha encargado de sacudir las telarañas de ciertos capítulos de lo cotidiano peninsular del sigo XIX, XX y XXI, enfocándose no en temas académicos, sosos e inexpugnables para los no iniciados como uno podría pensar, sino en las crónicas de aquello salido de las páginas de lo real maravilloso, de aquél realismo mágico que asoma sus narices justo en este momento donde menos podría imaginarse el lector: ahí, al voltear la esquina… sí, bajo los faldones de la Historia, concubina del viejo Herodoto, maestra de propios y extraños, o de los que han querido prestarle atención.
Y es que el transcurrir del tiempo y la postrera mirada en retroceso constituye ésta “Crónica del asombro”, pero con un enfoque roldaniano, que no es otro que el de lo truculento, de lo anecdótico y extravagante, lo inaudito plasmado en tantas miles de páginas que se han publicado con el devenir inexorable de Cronos, de movimientos en constante fuga Bachiana, que Peniche Barrera ha sabido atrapar en invaluables cuadernos de notas acumulados durante su gestión al frente de la hemeroteca Pino Suárez.
¿Dónde más si no en la columna Yucatán Insólito el lector avezado podría encontrar fichas dignas del almanaque de lo absurdo? Como bien menciona en el prólogo, el autor se esforzó por constituir un anecdotario casi salido de los textos de otro ilustre aventurero, Robert L. Ripley, que durante buena parte del siglo XX proporcionó mayúsculas sorpresas a un mundo cada vez más incrédulo –me incluyo-, que por la misma razón requirió de exóticas bitácoras y pruebas para redescubrir la capacidad de deslumbramiento que produce lo desconocido e inverosímil.
Leyendo de un tirón la canción de Roldán, al fin supe el por qué del extraño mote de “La casa del lagarto”, que se ubica en la 61 entre 62 y 64, o, si usted lo prefiere, en el imaginario colectivo de todo coterráneo que haya transitado por ahí. No menos desternillante es saber que existió una rosticería de nombre Chicken Itzá, o que en 1932 había que pagar tenencia por ostentar una veleta en los traspatios empedrados y herbosos de Yucatán.
Cronista de lo sorprendente, amanuense de lo increíble, fiel copista de lo extraordinario, la cosa más locuaz del libro no es su contenido, ni los yucatequismos y latinajos característicos de su estilo, sino la capacidad evocadora y el humorismo anacrónico de su autor: Roldán “Insólito” Peniche, como ya se le comienza a llamar por estos lares…

Descentralizar la cultura (Crónica)

Sábado, 15 de noviembre de 2008
Ricardo E. Tatto


Hace un par de meses durante la rueda de prensa para dar a conocer los pormenores del XXV Otoño Cultural organizado por el Instituto de Cultura de Yucatán, el director general, Renán Guillermo González, hizo especial énfasis en que a diferencia de administraciones y festivales pasados, en esta ocasión se le daría mayor importancia y relevancia a lo artistas locales por sobre los nacionales y extranjeros que también tendrán participación en la fiesta por la cultura.
Para ello, recalcó que tendrían prioridad tanto en la cartelera como en los anuncios y publicidad para los eventos, teniendo así una mejor representatividad ante el público del estado y, sobretodo, realizando numerosas actividades en los municipios del interior, coordinándose para ello con la oficina de descentralización cultural.
Entre dichas actividades, pudimos constatar que hubo talleres, circuitos de cine, de escritores, conciertos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán dirigida por el Mtro. Roberto Tello, lecturas de poesía, tocadas de jazz, eventos de danza y diversas disciplinas artísticas en general.
Invitado por el ICY y la Subdirección General de Literatura para participar en el circuito de escritores en los municipios, temprano me apersoné en la Casa de la Cultura del Mayab para partir rumbo a Panabá, a dos horas en carretera desde Mérida.
Bien provisto con los textos que preparé para la ocasión, también me llevé un libro para leer en el trayecto, pero la indiscreta conversación del chofer y la coordinadora, me distrajeron demasiado de la lectura.
Su charla, entre otros menesteres, versó sobre sus distintas experiencias yendo y llevando gente a los municipios para llevar a cabo las antes mencionadas actividades artísticas con afán descentralizador, teniendo cada uno de ellos sus propias historias y, como es de suponer, sus propias críticas y opiniones al respecto.
Por ejemplo, sobre los conciertos de guitarra clásica, la chica contó cómo en diversas ocasiones, la gente manifestó su preferencia hacia otro tipo de música, más popular, y que en los recitales muchas veces se les realizaban peticiones a los intérpretes, quienes abochornados respondían que no se sabían tal o cual canción que les pedían. De esta manera, músicos y público acababan con un sabor agridulce después de cada concierto, insatisfechos unos y otros por el resultado.
En cambio, el chofer contó cómo en diversas oportunidades varios de los artistas trataban de ahorrarse el viaje hacia el interior del estado, y si lo hacían, era de mala manera y con ínfulas de perdonavidas, sintiéndose superiores e indignos de ser enviados a escenarios distintos a los acostumbrados en la ciudad.
Para ilustrar su comentario, narró una anécdota de hace apenas unos días, cuando partió del Peón Contreras con varios músicos en medio de torrencial aguacero y que a la altura de Cholul, viendo que la precipitación no amainaba, los músicos preocupados por sus instrumentos estuvieron reticentes a continuar la travesía, por lo que hicieron una llamada y el viaje fue cancelado. Horas después, el chofer se enteró de que en el municipio al que se dirigían el responsable se encontraba furioso de que lo hubieran dejado colgado sin llamar antes para corroborar el estado del tiempo, ya que ahí no estaba lloviendo en lo más mínimo y la gente los esperaba.
Y bueno, así por el estilo continuó la conversación de aquellos dos, pasando por el circuito de cine y su inusual presentador, pero sin tocar a los escritores, supongo debido a mi presencia ahí. Todo esto viene a cuento porque en esto de descentralizar la cultura, habría que realizar mayores estudios al respecto, para analizar cuáles son las carencias y necesidades de cada comunidad, inclusive sus gustos e intereses, ya que de nada sirve llevarles una sinfónica si odian la música académica y prefieren el teatro o algo similar.
Por otro lado, en lo personal mi experiencia participando fue gratificante, ya que me tocó leer en una escuela preparatoria donde salvo la natural inquietud de los estudiantes, siento que logré dejarles algo y, tras batallar un poco, se propició el diálogo con respecto a la literatura. Eso fue lo mejor de todo: leer y charlar sobre el amor en común por la palabra escrita, fuera de los a veces pretenciosos círculos literarios meridanos.

IV Encuentro Nacional de Ensayistas de Tierra Adentro

Miércoles, 12 de noviembre de 2008
Ricardo E. Tatto

En el segundo día de actividades del IV Encuentro Nacional de Ensayistas de Tierra Adentro, se realizaron en la Sala de Arte del Teatro Mérida tres mesas de discusión en torno a variados temas, pero siempre teniendo como eje principal la ensayística y sus diversas aproximaciones.
Antier fue la inauguración formal y posteriormente se llevó a cabo la conferencia magistral del Dr. Mauricio Ortiz titulada “El tubo de Ensayo”. Ayer aconteció la primera mesa de diálogo de todo el encuentro que tuvo como tema “Globalización y nacionalismo: los parámetros del ensayo histórico”, que fue compuesta por Julián Etienne (Tamaulipas), Cristóbal León (Yucatán), José Mariano Leyva (Morelos) y Mario David Mex Albornoz (Yucatán).
Después a las 12:00 horas fue la Mesa 2: “El ensayo personal: entre la memoria, la divagación y la vida cotidiana”, con la participación de Enrique Padilla (Puebla), Paola Velasco (Veracruz), José Israel Carranza (Guadalajara), Joaquín Peón Iñiguez (Yucatán) y un servidor, también de Yucatán.
La mesa se caracterizó por su irreverencia, ya que Joaquín Peón llevó unas cornetas para repartir entre los asistentes, con el afán de romper el aura de sacralidad que predomina en este tipo de encuentros y provocar un ambiente más popular, tipo deportivo, pero olvidó que el público tiene mente propia y no sigue las reglas, por lo que a ratos ni siquiera él pudo controlar al monstruo multicéfalo y escandaloso que había creado.
Con todo, poco duró el efecto que quiso propiciar, por lo que paulatinamente las cosas volvieron a la normalidad y se pudo discutir sobre los temas que cada uno de los ponentes pusimos sobre la mesa, como el uso de la memoria como recurso evocativo dentro del ensayo, asuntos de forma y fondo en la estética ensayística mexicana del siglo XXI, etc.
En la tarde, a las 5PM se reiniciaron las actividades con la Mesa 3: “La fuente específica: el ensayo literario”, que fue integrada por Liliana Pedroza (Chihuahua), Elisa Corona Aguilar (D.F.), José Francisco Castillo (Yucatán), Irad Nieto (Sinaloa) e Isaac Ventura Rivero (Yucatán).
A las 8PM la jornada del segundo día cerró con la presentación del libro "Amigo o enemigo: el debate literario en Foe de J.M. Coetzee" de Elisa Corona, donde fungieron como comentaristas Elisa Corona, Paola Velasco, Ivi May y Romina España.
Hoy miércoles comienzan las mesas programadas para la tercera jornada del encuentro a las 10AM con la Mesa 4: “Un espacio para la interdisciplina: ensayo sobre arte y cultura”, con la presencia de Erick Vázquez (Monterrey), Verónica Gerber (D.F.), Guillermo Espinosa Estrada (Puebla), Noé Morales (D.F.), Christian Núñez (Yucatán), Omar Góngora (Yucatán) y Patricia Garfias (Yucatán).

A las 12:00 horas se realizará la presentación del número 154 de la revista "Tierra Adentro", que contará con las participaciones de Julián Etienne, Rosely Quijano y Cristóbal León. Después del intervalo para comer, continúa el encuentro a las 5PM con la Mesa 5: “El gran observador: la ciencia, la política y la sociedad en el ensayo”, con Francisco Roberto Pérez M. (D.F.), Vicente Alfonso (Coahuila), Eduardo Huchín Sosa (Campeche), Tomás Granados (D.F), Adán Echeverría (Yucatán) y Agustín Abreu (Tabasco).
A las 8PM tendremos la presentación del libro "El espejo de Beatriz", con la presencia de Beatriz Espejo, Carlos Martín, Roberto Azcorra y Juan Esteban Chávez y posteriormente habrá un brindis de honor en la Biblioteca "Manuel Cepeda Peraza". El encuentro finaliza mañana jueves con la mesa de conclusiones a las 10AM y la clausura formal a las 12PM.
Durante el tiempo que queda es buena oportunidad para el público yucateco asistir a las mesas, tanto para escuchar las posturas y aproximaciones de la generación actual de ensayistas de Tierra Adentro, como para conocer a una generación de escritores jóvenes menores de 35 años perteneciente al panorama actual de las letras mexicanas.

Mérida Big Band: Gran tomadura de pelo (Música)

Martes, 11 de noviembre de 2008

Ricardo E. Tatto

El XXV Otoño Cultural se encuentra en la recta final y, a menos de una semana de terminar, el pasado sábado 8 de noviembre a las 8PM se ofreció un concierto en el Teatro Daniel Ayala, a cargo de la entonces aún no revelada Mérida Big Band. Debo confesar que tal evento musical desde hacía días provocó una curiosidad en mí, de escucharlos, de conocer a los músicos, de verlos en acción tocando su repertorio.
Pero una vez pasadas las primeras canciones, supe que sería el mismo fiasco de siempre, con las mismas canciones que toca una “big band” cada vez que un grupo de músicos se reúne con la idea de tomarnos el pelo, cobrar por la tocada, y darnos gato por liebre artísticamente hablando. Y es que mientras escuchaba las ejecuciones, no pude evitar pensar “esto es música para bailar en bodas”, ya que una vez más, tocaron las archiconocidas Sing, sing, sing y La chica de Ipanema (que fueron tocadas también el sábado 7 de julio de 2007 en el Peón Contreras, por otra big band fallida), así como el tema de La pantera rosa, In the mood y Oye como va, de Tito Puente, entre otras. Un repertorio de la era del swing combinado con música popular, por si las dudas, para ganarse el aplauso fácil del público.
Lo peor no fue que escucháramos por enésima ocasión música que hemos podido encontrar en los viniles de nuestros abuelos, sino que además fueron interpretados con una parsimonia de aburrición y sacralidad total, como para dormirse en las butacas. A muchos se les olvida que el swing no se hizo para escuchar firmes en los asientos, sino para que esos mismos abuelos le sacaran lustro a la pista, música totalmente bailable. No es sino hasta los años cuarenta y en adelante, que con la llegada del jazz moderno de la mano del bebop, los conciertos y la música se hicieron más para escuchar y tomar la copa que para bailar. Desde la era del Swing han surgido otras big bands que no tocan ese género, sino que aportan cosas novedosas aunque sea con el mismo formato de banda, si no, ahí tienen a Carla Bley, o los arreglos de Ornette Coleman para su doble cuarteto y otros más. El problema es que los músicos, contradictoriamente, ¡no se dedican a escuchar esa música! Tal vez no lo hacen porque podrían mearse los pantalones y hacer que sus corbatines de moño giren sin parar o, simplemente, por falta de interés.
La razón del éxito de las orquestas de Glenn Miller, Benny Goodman, Chick Webb y Duke Ellington, se debe a que los recitales se apoyaban en la destreza y talento de los músicos que la conformaban, haciendo de un concierto de jazz un show total, arte lúdico en acción. En cambio, los intérpretes de la Mérida Big Band siendo en su mayoría músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, creyeron estar brindando un concierto de música académica, por lo que lucieron demasiado rígidos, sin despegar los ojos de la partitura. Francamente, su versión de In the mood fue lamentable, y no me malentiendan, esa canción la escucho constantemente al despertar por las mañanas. Se notó una orquesta desacompasada, esforzándose por cubrir sus errores y huecos interpretativos. Lo cual comprobé al final, cuando Ranier Pucheux, quien fungió como director de la malograda agrupación, agradeció al público sus aplausos y mencionó con todo desparpajo que había salido muy bien considerando que sólo habían ensayado 2 veces, para luego presentar al trombonista James Meador, quien no durmió en toda la noche practicando para darnos su versión de Fly me to the moon, desentonada y dolorosa como ya se imaginarán.
Enorme fue mi sorpresa cuando al terminar, las luces se encendieron y pude leer el programa: “…dicha orquesta tiene como objetivo ofrecer un concepto musical completamente novedoso dentro del sureste de México, así como una alternativa diferente en lo que a música popular se refiere”. ¿Dónde estuvo lo novedoso? ¿Cuál alternativa musical diferente en cuanto a música popular? Es obvio que el director y sus músicos nunca han ido a una boda local, han escuchado lo que se toca en reuniones y banquetes en restaurantes, o de plano jamás se han subido a un elevador, porque eso es señores: música para elevador.
¡Ahh! Pero tonto de mí, me equivoqué en mis percepciones. Justo cuando iba saliendo, una amable edecán me dio un papelito que decía en letras estilizadas: “Para tus momentos inolvidables, Mérida Big Band. Graduaciones, Aniversarios, Bodas, Bailes, Año Nuevo, XV Años, etc”.
Menos mal que fue un descarado y sinvergüenza evento promocional con cargo el erario y gratis para toda la gente, y yo que pensaba que la música y el jazz eran expresiones artísticas, que los yucatecos nos merecemos orquestas con más de dos ensayos chambones para cumplir, que el ICY quería poner lo mejor del talento local al alcance de nuestros oídos, y yo que pensaba…

Sobre los críticos y criticones (Ensayo)

Miércoles, 5 de noviembre de 2008
Ricardo E. Tatto

Me alegra que el panorama de la cultura y las artes vaya desarrollándose y ampliando la oferta para los grandes, medianos y pequeños públicos que por una u otra razón se han visto interesados en acudir a las diversas manifestaciones artísticas que acontecen en nuestro estado, ya sea en Mérida o en los municipios, por lo que como era de esperarse, la creciente necesidad de la crítica como contraparte a dichas expresiones va cobrando cada vez más importancia en nuestro medio.
Es por ello que de un tiempo a la fecha, diversas voces se han levantado para exigir crítica y críticos, sin tomar en cuenta que en este aspecto la comunidad yucateca se encuentra prácticamente en pañales, ya que como advertí alguna vez en un texto mío publicado en la revista Soma, el aparato crítico aún no se ha conformado a cabalidad, siendo que la relación entre el consumo cultural y la recepción crítica en nuestro estado, sigue sin ser estudiada profundamente, y cuyos alcances –para el ojo y oído avezado- apenas podemos vislumbrar en los comentarios y resultados que circulan en la calle, en los medios impresos y el Internet.
Sin embargo, los conceptos vuelan, caminan y corren, por lo que en mis devaneos urbanos muchas veces he constatado las repercusiones de las críticas que se esgrimen a favor o en contra de determinado evento o manifestación artística, por lo que el hecho de elegir comentarlo de una manera digamos seria, conlleva una serie de responsabilidades que dudo cualquiera esté dispuesto a asumir.
No se puede ser descuidado a la hora de criticar, sus consecuencias van desde recibir una mentada de madre, hasta destruir la trayectoria de algún artista o la relevancia de un evento. Todo depende de la pluma y de qué tan bien cimentado esté el análisis crítico en cuestión.
Por otro lado, tampoco se debe seguir pensando con los viejos moldes que dicen que el periodismo –en este caso cultural-, debe ser objetivo, veraz, oportuno y demás adjetivos que enaltecen el oficio pero que a estas alturas resultan caducos y superados por mucho. No, la cosa no va por allá. En la crítica, reseña, ensayo o comentario de reflexión, que son parte de los géneros opinativos, la subjetividad reina absoluta e ineludiblemente.
Esto nunca debe perderse de vista, y los que escribimos o informamos en algún medio de comunicación, no poseemos la verdad incorruptible, sino que en muchos casos nos equivocamos -aunque sean mucho menos los que lo admitimos- lo cual confunde a los probables lectores quienes en muchos casos toman en cuenta lo escrito o visto en algún medio como proveniente de un experto en la materia.
Además, habría que aclarar qué tipo de crítica se está realizando, ya que existen diferencias pequeñas pero fundamentales a la hora de leer y escribir un texto de opinión. Por ejemplo, en mi caso, no me considero crítico de arte ni mucho menos, si bien he escrito numerosas críticas que son puramente impresionistas y que cuando las neuronas me lo permiten contienen conceptos académicos y observaciones comprobables o fundamentadas.
Si bien cada uno de los que realizan esta labor sin duda cuentan con credenciales que los avalan como personas con cierto bagaje cultural y experiencia en el medio, no por ello quiere decir que seamos “todólogos” y expertos en cualquier disciplina artística. Cada quien tiene sus fuertes y sus especialidades, por lo que sería ético y responsable ceñirnos al campo que nos atañe.
Por otro lado, los criticones, que siempre han existido en nuestro medio y que fácilmente pretenden mimetizarse con los que intentamos realizar la labor periodística de manera justa, son aquellos que lanzan la pedrada con la falsa pretensión de hacer una crítica académica, y que por medio de revirajes semánticos y malicia sintáctica nos hacen pensar que ciertamente tienen la razón, sin que por ello incorporen dentro de su crítica la necesaria metodología que cualquier aseveración seria necesariamente conlleva. Tomemos como ejemplo las artes visuales en Yucatán, en específico las alternativas o en ciernes, que por provenir de un sector joven de aspirantes a artistas, generalmente se ve castigado en demasía sin ninguna justificación apuntalada en la razón.
Tal es el caso del evento denominado “Generación Tupperware”, que ha suscitado ya varios textos contrastantes y opuestos en la tesis que plantean, pero ninguno constituye realmente lo mínimo que uno esperaría de una crítica: el análisis metodológico de elementos innegables que aparecen dentro de la exposición colectiva, como la sensibilidad, tema, intención, técnica, aportes conceptuales, etc.
Se les critica -qué bueno-, porque hay muchas cosas criticables de su exposición y otras dignas de resaltarse. Pero, ¿quién critica a los supuestos críticos? ¿Quién juzga a los criticones? Pongo esto en la balanza, cuyo centro es el criterio y sus lados las discusiones con las que esperamos se sopesen dichas opiniones…

La nostalgia de la muerte sin fin (Ensayo)

Viernes, 31 de octubre de 2008
Ricardo E. Tatto

“La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia hacia la vida”.
Octavio Paz

Siempre tuve una relación muy cercana con la muerte. Desde pequeño, ya que nací el 31 de octubre y por consiguiente cada año relaciono mi cumpleaños con los festejos de Halloween y con los tres días del culto mexicano a los muertos.
Así que mis pasteles son pan de muerto, mis dulces las calaveritas, y mi botana el xek (sin mucho picante por favor). Y es que mi historia es la misma del mexicano promedio, porque somos una nación que tiene una visión muy peculiar de la muerte, aún incluso habiendo tanta diversidad cultural en el país en cuanto al culto necrológico, en donde existen diferencias de culto entre una y otra región.
Pero más allá de la forma, el fondo es lo que nos une, ya que retar y burlarse temerariamente de la muerte constituye parte de nuestras costumbres y del imaginario colectivo que predomina en el país. Sin embargo, no ahondaré más en el asunto debido a que no pienso meterme en una discusión sobre teogonías y cosmogonías con respecto a la calaca, ni gorda ni flaca, sino apenas rozar la superficie de dicho fenónemo.
Desde un punto de vista ajeno, nuestras costumbres pudieran parecer mórbidas, en el sentido de que no en cualquier parte se realizan festejos nocturnos en cementerios ni se sacan los restos para darles mantenimiento, se come en el camposanto etc. Aunque en el contexto actual esto es completamente normal, y, ¿por qué no habría de serlo?
La cuestión aquí es que comulgo con la idea de burlarse de la muerte, de festejarla, de acariciarla, de saborearla y de escamotearla aunque sea una vez al año. Siendo un ateo y malpensado confeso y ruidoso, debo admitir que para mi la muerte no es más que el fin de un proceso natural y biológico. Pero claro, para el mexicano es muy aburrido sólo morir y hacernos polvo, por lo que no le veo nada de malo al hecho de revestir el fin de la existencia con todo tipo de connotaciones y ornamentos de tipo folclórico.
Mas bien concurro con Octavio Paz y su visión de que “…si la muerte nos traiciona y morimos de mala manera todos se lamentan: hay que morir como se vive. La muerte es intransferible como la vida. Si no morimos como vivimos es que realmente no fue nuestra la vida que vivimos: no nos pertenecía como no nos pertenece la mala suerte que nos mata. Dime como mueres y te diré quién eres”.
En este sentido, entonces yo prefiero morir bajo mis normas o por causa de mi propio estilo de vida. Es decir, si fumo como cachaco y bebo como pez, es de esperarse un cáncer de algún tipo próximo a manifestarse, o una muerte violenta, que me arrastre a la vorágine de la nada. No obstante, la fatalidad es una dama muy caprichosa, y lo más probable es que fenezca de una contusión en la cabeza provocada por una biblia de 20 kilos grabada en madera.
De no ser así, para mí lo ideal sería unirme al célebre club de los 27: Janis Joplin, Jim Morrison y Jimi Hendrix. Es preferible una muerte de ese tipo, elegante por su rapidez, que un deceso como producto de la vejez. Nada odiaría más que ser encontrado muerto en el piso del baño o sentado en el inodoro o, peor aún, orinado en mi propia cama y con 90 años a cuestas.
Y es que de niño sufrí bronquitis asmática, que devino en la actualidad de una alergia crónica con una arritmia congénita, por lo que como verán, mi futuro como persona de la tercera edad no luce muy prometedor, en especial si a los anteriores padecimientos les sumamos las consecuencias de mis vicios consuetudinarios y de ocasión.
No. Preferiría no hacerlo, por lo que elijo otro camino por el momento: uno más simple, inexorable, ineludible e inevitable. Es tonto negar a la muerte, ya que hacerlo es negar la vida. Sé que para la mayoría de los humanos que pueblan este planeta y que profesan alguna religión o creencia, la muerte no es más que una prolongación de su propia existencia. Pero como nunca he creído en falsas quimeras y prefiero apostar a lo seguro, seguiré pensando que no hay nada más ahí.
Después de todo, ¿por qué habría una continuación? Yo creo que es suficiente con una vida bien aprovechada, y que 20 o 30 años de salud no están nada mal. Por eso hace años quité de la cabecera de mi cama el crucifijo que pendía de un clavo y lo substituí con un afiche de James Dean: no porque intente emularlo, sino porque es divertido retar a la vida y a la muerte de vez en cuando, y sus logros a pesar de una efímera existencia son dignos de respetar. Su muerte aún más, porque le otorgó la inmortalidad, la única a la que podemos aspirar los simples mortales, la que se compone de la trascendencia de las acciones propias y del recuerdo aderezado de nostalgia.

El Cuarteto Sureste, juntos de nuevo

Miércoles, 29 de octubre de 2008
Ricardo E. Tatto

Después de varios meses en los que el jazz local se mantuvo casi en silencio, apenas murmurando algunas notas en los circuitos alternativos, por fin ha surgido un evento del que vale la pena hablar, mismo que se realizará el miércoles 29 de octubre a las 10PM en La 68: Casa de Cultura Elena Poniatowska (C68 x 57 y 55 Centro).

Se trata del concierto de El Cuarteto Sureste, cuyos integrantes originales se han reagrupado para tocar la música honesta que los caracteriza, donde el sincretismo entre el jazz tradicional y lo vanguardista se unen para conformar una impronta musical propia, proporcionalmente directa a las experiencias de cada uno de los músicos que integran el cuarteto, pero siempre sobre la misma línea sinuosa que es el jazz y la improvisación.
Sus integrantes originales son Armando Martín (Guitarra y efectos), Carlos Rodríguez (Guitarra), Alejandro Mora (Bajo eléctrico) y Tirso Buenfil (Batería). Si bien el cuarteto tocó por última vez en la presentación de la revista Soma, Arte y Cultura, a principios de agosto en el Museo de la Ciudad, en esa ocasión lo hizo con otro baterista, ya que Tirso Buenfil actualmente radica en Montreal, Canadá, ciudad que se caracteriza por su internacionalmente conocido festival de jazz, por lo que el sitio es pródigo en oportunidades para los músicos de calidad como es su caso.
La última vez que la agrupación original tocó junta fue el viernes 22 de febrero de 2008, en el Mayan Pub, con motivo de la despedida del guitarrista Armando Martín, quien se fue por unos meses a Bruselas, Bélgica. En aquella ocasión, pocos fueron los testigos de tan magnífica velada musical, en especial porque fue totalmente espontánea la llegada de Mora y Buenfil, quienes desde Campeche vinieron exclusivamente para decirle “hasta pronto” a su amigo y colega.
Ese tipo de actuaciones son las que verdaderamente apelan a la sensibilidad de los melómanos, ya que los ahí presentes pudimos presenciar una tocada inusual –en especial en Mérida- ya que los músicos hicieron gala de amor al arte, al tocar por el mero placer lúdico de la música, un lenguaje en el que sólo aquellos cuatro conversaron mientras los demás escuchábamos el diálogo entre instrumentos.
Y en verdad, da gusto ver –y escuchar, por supuesto- agrupaciones de este tipo, que no se reúnen a tocar por el “hueso”, ni por los aplausos, ni mucho menos por los escasos sueldos que se acostumbran a pagar en la ciudad, ya que los dueños de dichos bares y restaurantes, teniendo los oídos tapados de cerumen putrefacto e ignorantes de la calidad de sus músicos, les pagan una nadería por llevar a cabo arte en acción, creación in situ.

Dichos conciertos, llevados a cabo en circuitos alternativos fuera de la institucionalidad, carecen por lo tanto de la publicidad y difusión que se merecería un evento musical con semejantes integrantes, donde dos yucatecos egresados de la Escuela Superior de Música de Bellas Artes, un campechano formado en la Royal School of Music en Londres, Inglaterra, y otro egresado de la Escuela Superior de Composición y Arreglo Musical, en el D.F., unirán sus voces instrumentales para hibridarse como una sola región, música sin origen ni fronteras, génesis seminal de lo que representa El Cuarteto Sureste.

El show de terror de Rocky (Teatro)

Martes, 28 de octubre de 2008
Ricardo E. Tatto

Al margen de las actividades teatrales programadas dentro del Otoño Cultural, se presentó la última función de “El show de terror de Rocky”, en el teatro del IMSS, con una buena asistencia del público que prácticamente llenó el recinto el domingo 26 de octubre. La muestra escénica la realizaron los alumnos del séptimo semestre de teatro de la ESAY, bajo la dirección de Francisco Solís, en una adaptación del famoso musical del británico Richard O´Brien (The Rocky Horror Picture Show) que fue llevado a la pantalla grande en 1975, convirtiéndose en una película de culto al igual que la representación teatral.
Siendo fan de la película no me pude perder la oportunidad de ver la puesta en escena meridana, que pese a mi natural escepticismo, sorteó las dificultades con éxito, ya que es muy ardua y compleja la labor de llevar a cabo un musical con pocos recursos, en especial porque es un género difícil y frágil, ya que si no se cuidan los detalles todo se viene abajo como hemos podido constatar en otros musicales que se han presentado en la ciudad.
Sin embargo, si bien hubo que cortarle varias escenas y canciones, la elipsis fue realizada con acierto, ya que logra llevar al espectador a lo largo de toda la historia sin carencias notorias en la narración (aunque se extrañó la aparición del Dr. Scott), lo cual también es una virtud de la puesta original, cuyo guión disparatado contiene algunas incongruencias insertadas totalmente adrede que favorecen la comedia pródiga en extravagancias, pero sin requerir una necesaria explicación a lo que sucede en escena.
El relato se inicia cuando bajo una noche lluviosa se avería el auto que conducen Brad Majors (Adrián Yam) y Janet Weiss (Eugenia Hidalgo), pareja próxima a casarse, lo cual los obliga a buscar refugio en un tétrico castillo. Al entrar, los reciben unos extraños criados, Riff Raff (Yulianna Vargas) y Magenta (Dayana Borges), quienes los conducen a una flamboyante celebración que se está realizando en el castillo, con motivo de la más reciente creación de su amo: el Dr. Frank-N-Furter. Mismo que rodeado de sus fieles Transilvanos, les da la bienvenida a los recién llegados, a la vez que presume haber encontrado la chispa de la vida, materializado en un ser casi perfecto físicamente –de no ser por su medio cerebro criminal- de nombre Rocky.
Así se inicia una certera sátira social y musical, en la que no sólo se parodia al Dr. Frankenstein, sino los recatos e hipocresías morales de una sociedad que en su momento –e incluso ahora- se caracterizó por su xenofobia y aversión a la diversidad, a todo lo que fuera diferente. Esto se hace obvio porque Frank-N-Furter es más que un científico loco, ya que bajo su bata, se esconde un travesti con ropa de cuero, mallas de red y tacones altos, cuya sexualidad ambivalente es amplia en el sentido de la palabra misma.
A la vez, igual es un homenaje al cine de horror y a los seriales Clase B en los cuales numerosas joyas de la ciencia ficción llegaron a la pantalla grande durante la primera mitad del siglo XX. También nos habla de la liberación no sólo sexual, sino integral de los seres humanos que, muchas veces aprehensivos, no nos permitimos desarrollarnos y mostrarnos según nuestro verdadero sentir.
La dirección musical (Lázaro González), iluminación y efectos contribuyeron a crear una atmósfera efectiva, sin muchos recursos pero con imaginación, al igual que el vestuario. Se destacaron las actuaciones de Eugenia Hidalgo, Gabriel Orozco (Tin), Abril Góngora como Columbia, enamorada del Dr. Frank-N-Furter, Yulianna Vargas con su caracterización del inolvidable Riff Raff, y Susan Tax que realizó el papel de una de las bocas que prologan y epilogan la historia, así como de otro personaje transilvano femenino, distinguiéndose por su gracia al bailar durante los números coreográficos a cargo de Oswaldo Ferrer.
La asesoría vocal estuvo a cargo de Analie Gómez. Sobre la traducción de las canciones debo decir que no hay gran diferencia del original en inglés, puesto que su verdadero valor radica en las composiciones musicales, mismas que ya son parte del imaginario colectivo de los espectadores. Enhorabuena para el teatro del IMSS y los organizadores, ya que se encuentra en muy buenas condiciones, por lo que es susceptible de albergar obras de teatro en temporadas más largas. Vale la pena el Show de Rocky, ojalá lo repongan.

Sobre los espacios culturales (Ensayo)

Lunes, 13 de octubre de 2008
Ricardo E. Tatto

El trabajo que Roberto Tello Martínez está realizando con la Orquesta Sinfónica de Yucatán al llevar la música académica a los municipios del interior del estado, ha generado respuestas favorables, por parte del público asistente y de los que desde Mérida fungimos como mudos espectadores de la labor que se viene realizando en claro afán de descentralizar la cultura.
Si bien lo anterior es altamente loable, los comentarios sobre los protocolos más laxos o los rigores disciplinarios a los que uno se ve obligado dentro de los espacios culturales sacralizados motivaron una serie de reflexiones en mí, que siempre he sido agrio crítico de las cúspides catedralicias de índole cultural y artística, ya que si bien promoviendo y difundiendo dichos eventos al acercarlos a la gente se ganan adeptos, también existen sus contras al popularizar en demasía cierta manifestación artística, de cualquier disciplina que se trate.
Lo anterior lo menciono porque popularizar lo académico -o academizar lo popular, que es casi lo mismo-, conlleva ciertas pérdidas en el nivel interpretativo y de apreciación que al ejecutante y al espectador conviene respectivamente. Un claro ejemplo de esto, lo tenemos en los recientes conciertos en Chichén Itzá e Izamal.
Mientras que en el primero se trató de un montaje destinado a las minorías posicionadas política y económicamente, los pretenciosos con ínfulas aristocráticas, y una que otra celebridad muy menor y de poco brillo entre la pléyade de verdaderos astros cenitales, poco se fijaron los organizadores en el cuidado artístico que le hubiera otorgado verdadera trascendencia al evento y en la logística que esto trae consigo, ya que la ejecución dejó mucho que desear.
Esto sin mencionar que varios músicos de la OSY que asistieron al magno e irrepetible chubasco salieron con sus instrumentos dañados y las corbatas ensopadas, al igual que muchos niños del coro de la Escuela Modelo que fueron negligentemente tratados como animalitos talentosos, al dejarlos esperando por horas sentados en el suelo y en el césped, sin un techo que los cobijara de la llovizna, hasta la medianoche en que se los llevaron del sitio arqueológico todavía que su participación ya no era necesaria. Pobres, pasaron a mi lado en fila india con rostros adormilados, sucios y cansados.
En el caso del concierto de Izamal, que fue de corte más accesible y popular, la desacralización de los espacios sinfónicos provocó que el intermedio se convirtiera en una verdadera kermés y que se prolongara por más minutos de lo necesario, ya que la gente tardaba en sentarse y regresar a su lugar, olvidándose que fueron a escuchar un concierto. Lo mismo que ciertos molestos locutores radiofónicos que, enamorados de su propia voz, no se callaban y continuaban chacoteando ante mi poco disimulado enojo.
Ignoro cual sea el ambiente en estos conciertos al aire libre que se están realizando en espacios públicos, pero por experiencia al admirar ya sea un concierto o el montaje de una escena teatral, sé que algo se pierde en el camino entre la traslación de su sitio usual a las calles cerca de la gente. No debe confundirse llevar o acercar la cultura a estos espacios con faltar al respeto a una expresión artística, que es lo que muchas veces sucede, si no es que en la mayoría de los casos. Es decir, es claro que no se está acostumbrado a ello y se mezclan negativamente las cosas.
El motivo de las normas en los teatros tienen una razón de ser, y aunque a muchos les parezca un acto de esnobismo censurar con un ¡shhh! al que aplaude entre movimientos de una composición, no diría lo mismo si uno aplaudiera a la mitad de una película o contestara una llamada de celular en plena función. Son usos y costumbres cívicos que están implícitos, una cuestión de educación, lo mismo que no encender un cigarrillo en un sitio público rodeado de gente no fumadora aunque no esté señalada la prohibición: por simple respeto.

No pueden comprar mi amor (Crónica)

Octubre, 2008
Ricardo E. Tatto

Por segunda vez en menos de una semana, me vi a mismo recorriendo a toda velocidad las carreteras asfaltadas del interior de Yucatán en busca no de cubrir la nota, no de figurar en las páginas sociales, ni de estrenar una guayabera fina con cargo al erario, sino de apreciar una expresión artística que mueve masas: la música. Y Calíope, musa sonora y lírica, me esperaba impaciente bajo los múltiples arcos del dorado convento de Izamal para poder escuchar a la BBC Big Band Orchestra y a la Royal Philharmonic Concert Orchestra de Londres rendir un tributo más al cuarteto fabuloso de Los Beatles.
Antes de empezar, por ser 9 de octubre y onomástico del fallecido John Lennon se pidió un aplauso con un minuto de duración. Con 20 minutos de retraso -como nos tienen mal acostumbrados en estos lares-, dio inicio el tan ansiado concierto. Sentado en la lejanía, mientras otros periodistas malhumoradamente murmuraban la pésima organización del área de prensa del Patronato Cultur –me uno a sus quejas ya que no sólo fueron groseros sino incompetentes: primero lo de Plácido y ahora esto-, tuve la primera sorpresa de la noche: al revisar el programa, me percaté que la velada no sería exclusivamente instrumental como yo hubiera querido, sino que más de la mitad del concierto iba a ser cantado.
Me lamenté enseguida, ya que mi mayor temor era no poder escuchar a cabalidad ambas orquestas en conjunción, y que confiaran poco en la capacidad del público y acabaran ofreciéndonos un show a prueba de aburrimiento, como si las meras composiciones de Los Beatles no fueran suficientes para suplir la voz de cualquier cantante de karaoke.
Iniciaron con la Obertura para un Beatle, donde se probó desde el comienzo que no escucharíamos a una orquesta con poco ensayo y muchas ínfulas de grandeza –como sucedió con la OSY en lo de Plácido, donde lo que menos importó fue la cohesión musical y la concepción artística-, sino a una banda de músicos experimentados que se conocían al dedillo las partituras y dominaban a la perfección su instrumento.
Lástima, por que en las siguientes piezas, las excelentes introducciones instrumentales se vieron arruinadas por Jeff Hooper, que a pesar de tener buena voz, con su estilo grandilocuente tipo “Broadway” hizo insufribles las canciones, que no queríamos escuchar en voz de nadie más que Los Beatles, sino reinterpretadas y con arreglos orquestales, como debía ser.
Las mejores versiones fueron las exclusivas de orquesta y banda solas, como se probó cuando tocaron Norwegian Wood, Here, there and everywhere, Ticket to ride y, por supuesto, All you need is love. La excepción a la regla vino en la voz de la cantante Emer McParland, a quien le perdoné su intromisión vocal en Can´t buy me love debido a su hermosa tesitura y un marcado estilo jazzero que imprimió un tono que me recordó los oscuros y nebulosos días cuando Billie Holiday aún cantaba con cigarro en mano.
Después del intermedio, que fue demasiado largo y difícil de sosegar –parecíamos estar en el mercado y no escuchando a una orquesta de renombre internacional, ya que a mi lado algunos molestos periodistas radiofónicos no se callaban, así de enamorados estaban de su propia voz-, dio inicio la segunda parte del concierto donde Help!, Don´t let me down, Hey Jude y un popurrí entre Blackbird y Yesterday dieron la nota alta de la noche, entre muchas otras composiciones.
La sección final estuvo compuesta por un aglutinado que incluía Get Back (orquestal), With a little help from my friends, When i´m sixty four (que me recordó a Conrado Roche, cómo no), She´s leaving home y Get Back de nuevo, con orquesta y vocales.
El encore no se hizo esperar y, para ello, el carismático director Barry Forgie dirigió unas enrevesadas palabras al público en español, presentando un “maratón mexicano”, que consistió en piezas combinadas y con un tempo apresurado y jocoso muy latino que conquistó a los asistentes, para luego regalarnos a los que nos quedamos hasta el mero final con Yellow Submarine con banda, orquesta y los dos cantantes.
Si bien fue un concierto divertido y entretenido, diría que se quedó a medio camino, ya que lo regular queda muy lejos de lo sublime e increíble que pudo ser con una adecuada dirección artística, que temió que una velada puramente instrumental aburriera a los 5 mil beatlemaníacos que no acudieron por lo vocal, ya que para nosotros con la simple música hubiera sido suficiente para que afloraran las letras y las voces de canciones que ya son parte del imaginario colectivo mundial. No pueden comprar mi amor…

Querido John, felicidades…

Viernes, 10 de octubre de 2008
Ricardo E. Tatto

Al abrir los ojos y enjuagar mi boca pastosa, la lucidez de la mañana me trajo al rostro una sonrisa sincera: hoy es tu cumpleaños John (por ayer). Uno más que pienso celebrar contigo; ya van varios años seguidos en los que celebro tu nacimiento a mi muy personal manera. Así ha sido desde que te conocí.
Yo cursaba la secundaria cuando sucedió el encuentro contigo y tus amigos, Paul, George y Ringo, a quienes también aprecio, aunque alguno ya se haya ido a probar suerte en otros lares de índole metafísica o sobrenatural. Pero desde aquella vez que trabé conocimiento con y sobre ustedes, mi vida no volvió a ser la misma.
Te reirás de esto Johnny, pero es en serio. Si, ya sé que muchos o casi todos te han dicho lo mismo innumerables veces, pero qué hacer si es la mera verdad. En especial cuando después te fui conociendo a profundidad, al margen de los demás, y me percaté de qué tan especial y diferente eres.
Nunca me interesó tu fama –y creo que a ti tampoco-, e inclusive, tiempo después, la música que hacías también pasó a segundo plano en mi creciente admiración por ti. Al ir creciendo, lo reconozco, una especia de idolatría se empezó a formar. Pero esa devoción iconoclasta –que aún profeso en cierta medida- fue diluyéndose y transformándose en algo más.
Ese algo era mucho mejor, más puro y bidireccional, una cuestión más de camaradería. Fue encontrarme ya no aplaudiéndote en la lejanía, sino entablando un diálogo contigo -ya fuera que lo supieras o no-, que alimentó ya no sólo mis oídos, sino mi espíritu, mi intelecto, el topus uranus donde pululan las ideas.
Y es que por ti aprendí a levantar la voz, a crispar mi puño en ristre listo para combatir, en aplaudir para levantar el ánimo, en cantar mientras marchamos, vaya, a protestar por lo que uno cree y luchar por esos ideales hasta sus últimas y -a veces- funestas consecuencias.
Además, en distintos momentos de mi vida cuando por alguna razón me alejé de tu amistad y tus palabras, regresaste con brío y frases frescas que, una vez más, concatenaron en mi ideología a la perfección. Como cuando me dijiste: “Dios es un concepto con el que medimos nuestro dolor”. Para luego enseguida afirmar “no creo en la biblia, no creo en Jesús, no creo en reyes, sólo creo en mí…”.
Recuerdo bien ese día porque yo también me sentía así, y el encuentro con el otro, contigo, símil en reflexiones, me quitó un poco la soledad de un precoz adolescente en contra de todo y afrentado a las normas inmorales que me pretendían imponer en casa y afuera por la llamada sociedad.
Gracias John, de verdad. Callada y tal vez tontamente, en mis años de universidad te rendí tributo portando una playera tuya cada semana y en ocasiones especiales, como cuando vino Bush –un asesino que hubieras detestado de haberlo conocido- y salimos a tomar las calles y protestar en contra suya y sus actos genocidas mundiales. Luego hubo incidentes desafortunados y consigna contra los que lucían sus atuendos como yo.
Pero me salvé. Me diste suerte ese día. Saber de ti, estudiar y analizar tus diversos actos, tus luchas y fracasos, definitivamente son lecciones de vida que mantengo muy en mente y que se hacen presentes cuando la zozobra amenaza con derribarme. Por eso me alegro de haberte conocido y de tenerte como amigo, de mis mejores amigos John.
Debo marcharme. En la noche una sinfónica de tu país tocará algo de tu música en un tributo para ti y los demás chicos. Salúdamelos por favor. Feliz cumpleaños Winston –ya sé que no te gusta que te llame por tu segundo nombre, pero vamos, es de cariño-. Me despido con un abrazo.
Sinceramente tuyo, Ricardo.

El 12° Tour de Cine Francés

Sábado, 4 de octubre de 2008
Ricardo E. Tatto

Entre las actividades de difusión cultural que realiza la Alianza Francesa en Mérida, se inauguró el 12° Tour de Cine Francés, cita anual que se llevó a cabo el pasado jueves 2 de octubre, en coordinación con Cinépolis de la Plaza de las Américas y que termina el 16 del presente mes.
En el evento se presentó la nueva directora de la AF, Marie Cecile Le-Luec, quien dio la bienvenida a los asistentes y recalcó la labor de hermandad entre la cultura mexicana y la francesa, por lo que el ciclo no sólo estará conformado por cine francés, sino que previamente a cada película se proyectarán cortos hechos por realizadores mexicanos.
Antes de la premiere, se proyectó el corto “Carretera del Norte”, del realizador mexicano Rubén Rojo Aura, de excelente factura y que fue un buen entremés antes de pasar al plato fuerte, ya que pudimos constatar esta producción totalmente mexicana.
El cortometraje nos narra la historia de una familia vendedora de pieles de serpiente a las orillas de una carretera norteña, donde sobreviven a sus paupérrimas condiciones económicas ofreciendo animales inusuales, como un águila, a los automóviles que ahí transitan. Al final, se hacen de dinero, pero el animal que la matriarca vende no es otro que su propio hijo todavía en brazos.
Después, la cinta elegida para abrir la muestra fue “Crimen de autor” (Roman de gare), dirigida por Claude Lelouch. El filme versa sobre Judith Ralitzer, escritora de renombre y autora detrás de varios best sellers en Francia, quien está en busca de personajes para su próximo libro. La cinta inicia en el presente, cuando la escritora acude a un programa de crítica y análisis literario junto con otros autores.
Es ahí, ante una pregunta del entrevistador y conductor, cuando la mirada de Judith se queda fija y mirando al vacío, mientras todo se descompone y se inicia un flashbacks en el que ella recuerda diversas circunstancias previas a su más reciente publicación.
Pronto se va revelando que todo es un fraude, ya que tiene a un talentoso secretario que se encarga de vivir y escribir todas sus historias, pero sin atreverse a firmar sus propios libros con su nombre. El tipo introvertido prefiere vivir a la sombra de Judith, una escritora hecha para los medios y no para la literatura.
Poco a poco vamos conociendo al personaje oculto detrás, y la trama se va entremezclando hasta que el espectador no está seguro qué parte es ficción y qué parte es la realidad. El thriller lleno de suspenso pero también de comedia, maneja un tono humorístico que paulatinamente se va diluyendo con tantas vueltas de tuerca que tiene el guión. El final es un poco tramposo hacia con el público de una manera injusta, pero en lo general el filme se sostiene.
El tour en Cinépolis Las Américas finaliza el 9, pero para los que se lo perdieron, el viernes 10 se reanuda en Cinépolis Altabrisa, donde permanecerá la muestra de cortometrajes mexicanos y largometrajes franceses hasta el 16 de octubre.
Si bien no soy asiduo a los cines comerciales, en raras ocasiones como esta vale la pena acudir a las plazas con el único afán de poder presenciar las producciones cinematográficas contemporáneas que se realizan en otras latitudes. Para más información, los horarios y sinopsis se encuentran en la página:
www.tourdecinefrances.com.

lunes 24 de noviembre de 2008

Crónica de un desconcierto (Música)

Lunes, 6 de octubre de 2008

Ricardo E. Tatto

Memorable e irrepetible… así como fue como el Patronato Cultur calificó el Concierto de las Mil Columnas de Plácido Domingo. Y ciertamente lo fue, no sólo por el recital ofrecido por el tenor español al pie de la pirámide de Chichén Itzá, sino por una u otra razón que me propongo retratar, en espera de que varios de mis enojos contenidos ese día por fin queden exorcizados.
El sábado 4 de octubre al mediodía, mientras dispuse cámara, grabadora, pilas, papel y pluma -arsenal indispensable para todo periodista que se respete-, me dirigí presuroso y a toda velocidad al Siglo XXI, puesto que los organizadores habían convocado a los medios de comunicación a las 2PM, hora que se me hizo demasiado temprana para partir rumbo a Chichén, en especial porque el concierto estaba programado hasta las 8.30PM.
Aún así, a regañadientes, puntualmente y bajo el caluroso sol meridano varios periodistas ya nos encontrábamos ahí, curiosa fauna informativa mezclada con numerosos jóvenes disfrazados que acudieron al mismo edificio a una convención de Otakus (fanáticos del manga y anime japonés), denominada Senka. La espera se dilataba minuto a minuto y, antes de que nos diéramos cuenta, ya eran las 3 y media, hora en que finalmente el autobús destinado a la prensa se dignó a partir rumbo a la zona arqueológica. Ahí fue cuando me di cuenta que la impuntualidad no le era nada ajena al staff de Cultur, y que la desorganización ya asomaba sus incómodas fauces al haber varios periodistas que no se encontraban acreditados, con todo y que los formatos requeridos para ello fueron enviados antes del 20 de septiembre.
Ya una vez en Chichén, a las 5PM procedimos a registrarnos en la sala de prensa, donde las chicas encargadas de dicha labor, si bien eran guapas y amables, las naturaleza les negó un poco menos de la masa gris merecida por todos, ya que al parecer no sabían distinguir entre reportero y fotógrafo, ocasionando confusiones entre los ahí presentes que requeríamos de un boleto para poder escribir sobre el espectáculo y que además traíamos cámara: “Pero cómo, ¿eres periodista y también traes cámara?”, preguntó una de ellas con ingenuidad.
Después de explicado el asunto casi con peras y manzanas, durante las 3 horas siguientes todos los compañeros de oficio nos dedicamos a comer galletas, beber café y refrescos, mientras Cronos se movía con la lentitud de una deidad adormecida y amodorrada. Afortunadamente, algunos inquietos nos colamos entre la gente pudiente e impúdica con el dinero, funcionarios políticos enguayaberados y uno que otro trepador, para hacernos de unos tragos que lubricaron nuestras gargantas e hicieron la espera más llevadera.
El gusto no duró mucho, ya que a las 8PM procedimos a formarnos en fila india, como en la escuelita, para poder ingresar. Por ahí saludamos al intrépido fotógrafo Albornoz, que chacoteó alegre mientras fumaba copiosamente. También al reportero Rafael Gómez Chí, siempre con mirada de rasguño y semblante hermético donde quiera que se le encuentre, así como a otros compañeros de profesión.
A las 9PM, parecía que el ganado reporteril por fin podría entrar, pero todo se desvaneció como el humo de mis cigarros cubanos: sólo nos dejaron pasar hasta la mitad del sacbé que conduce a la explanada principal. Ahí, Carla Gavito Carredano y compañía, las encargadas de tratar con los medios desde Mérida –y a quien infructuosamente traté de localizar en numerosas ocasiones una semana antes del evento- nos mantuvieron a raya y bajo la llovizna por espacio de una hora, entre las maldiciones de varios compañeros que sólo alcanzaban a escuchar la voz del tenor en la lejanía sin poder ver nada ni efectuar a cabalidad su trabajo.
Ante tal fastidio, decidí meterme con boleto en mano sin esperar a los demás que hacían cola, tan sólo para llegar casi al final de la primera parte del programa. A un lado, otros periodistas ya se encontraban ahí. ¿Qué les costaba dejar pasar a todos aunque fuera a una distancia razonable? ¿En qué diablos estaban pensando esas muchachitas con ínfulas otorgadas por un insignificante gafete?
Después de tantas horas de espera, fue doloroso para muchos haberse perdido la mitad del concierto, ¿qué dirían de regreso a sus respectivas redacciones? Tuve suerte, ya que Fortuna, Imperatrix Mundi me sonrió: a pesar de tener boleto para la zona verde, ante tamaña desorganización aproveché sentarme en la zona oro, cerca de la guapa Rebeca de Alba, de esbelta belleza y un obeso cronista de la ciudad. Por ahí andaban también nada menos que Emmanuel Carballo, Beatriz Espejo, Agustín Monsreal y Sara Poot.
Como colofón, una vez terminado el concierto a las 12AM, todavía tuvimos que esperar 2 horas a que las guaguas y combis se pusieran de acuerdo, para llegar cansados a las 4AM de nuevo al estacionamiento del Siglo XXI después de 14 horas en acción. Muchos me dirán que a caballo regalado no se le ve el colmillo, y yo les respondo que entrar gratis sí tuvo un costo irreparable: horas perdidas y valiosas de eso que llamamos vida.

Un sábado con Domingo

Octubre, 2008
Ricardo E. Tatto

Después de tanta publicidad y expectativa generada, por fin los yucatecos pudieron presenciar el llamado “Concierto de las Mil Columnas”, encabezado por el famoso tenor español Plácido Domingo, quien la noche del sábado 4 de octubre se presentó en un escenario ubicado al pie de la pirámide en la zona arqueológica de Chichén Itzá.
La cita con los numerosos asistentes que casi llenaron el lugar, tuvo como invitados especiales a la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, al director Eugene Kohn al frente de la Orquesta Sinfónica de Yucatán y Armando Manzanero, quien lo acompañó al piano y a dúo durante su intervención. En la conducción estuvo la actriz Edith González.
A pesar de algunos retrasos debido a la llovizna que cayó en la zona, el concierto empezó a las 9PM, con una introducción del Coro Monumental del Mayab (compuesto por el Coro Polifónico del ICY, el de Cámara de Yucatán y el del Ayuntamiento de Mérida, dirigidos por el Mtro. Luis Luna Guarneros) y la participación del coro de niños de la Escuela Modelo.
La primera parte del programa estuvo constituida por fragmentos de ópera, entre los que podemos mencionar Obertura (Damnation de Faust, Berlioz), O souverain (Le Cid, Massenet), Aire des bijoux (Fausto, Gounod), Lamento di Federico (L´Arlesiana, Cilea), Vissi D´Arte (Tosca, Puccini), Winterstürme (Die Walküre, Wagner), Obertura (Las Vepres Siciliennes, Verdi) y Giá nella notte densa (Otello, Verdi), entre otros.
Después de un intermedio que se prolongó debido a que la lluvia continuaba y había que proteger los instrumentos –lo cual no se logró del todo como después me enteraría de boca de algunos enojados músicos de la OSY con sus instrumentos dañados-, la gente brindó una calurosa bienvenida al cantautor Armando Manzanero, quien como dijera Edith González: “es profeta en su propia tierra”. Se le rindió un homenaje, en el que el músico yucateco tocó Somos novios, Mía y una versión bilingüe de Adoro, con letras en maya.
Al terminar el breve tributo, a continuación Plácido Domingo dio paso a la segunda parte del programa, cantando una serie de zarzuelas que alguna vez fueran de las favoritas de su madre, Pepita Embil, tan recordada en estas tierras por los recitales ofrecidos en su momento en Mérida al lado del padre del tenor, del mismo nombre, razón por la cual Plácido profesa un gran cariño hacia estas latitudes que pudo visitar en su juventud.
Las zarzuelas que cantó solo y a dúo con la soprano, fueron De España vengo (El niño judío, Luna), Ya mis horas felices (La del soto del parral, Soutullo y Vert), En mi tierra extremeña (Luisa Fernanda, Moreno Torroba), Intermedio (Bodas de Luis Alonso, Giménez), Amor de mi vida (Maravilla, Moreno Torroba), Las carceleras (Las hijas de Zebedeo, Chapí) y No puede ser (La tabernera del puerto, Sorozabal).
Posteriormente y fuera del programa, interpretó Tonight, Tonight, del famoso musical de Broadway que fue llevado al cine: West Side Story (Amor sin barreras). Mientras sonaban los acordes del Son de la negra, el tenor sorprendió al público que ahí se encontraba, haciéndose acompañar de un mariachi para cantar rancheras, en específico de José Alfredo Jiménez, por lo que pudimos escuchar Paloma Querida, Ella y El Rey coreado por todos los asistentes para ponerle fin a la velada musical.
El concierto terminó a las 12PM, casi 3 horas de música que no pudieron verse interrumpidas ni por Chaac, deidad maya de la lluvia, ni por los críticos y escépticos que se oponían al espectáculo. Sin embargo, de los resultados y observaciones posteriores, aún queda mucho por decirse del Concierto de las Mil Columnas…

¿Dónde están los estudiantes?

Viernes, 2 de octubre de 2008
Ricardo E. Tatto

Con motivo del 40 aniversario de la matanza de Tlatelolco acaecida el 2 de octubre de 1968, se realizó la mesa panel “A 40 años del 68: los estudiantes y los conflictos sociales”, a las 12.30PM en el auditorio de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY.
Dicho foro estuvo a cargo de Eva Macossay, Cristóbal León y Camilo Solís, estudiantes universitarios egresados de antropología, historia y literatura, así como representantes de los colectivos Movimiento de Cultura Popular, La Otra Campaña y El Teatrito A.C., respectivamente.
En el turno de Cristóbal León, se discutieron los pormenores de la matanza de Tlatelolco en la plaza de las Tres Culturas, mientras a su vez leía una crónica de los hechos teniendo como fondo unas diapositivas con fotos documentales de tan infame suceso de la historia de nuestro país.
Después, Camilo Solís intervino haciendo un recuento de las luchas sociales en Yucatán, rememorando el cobarde asesinato de Efraín Calderón Lara, “El charras”, estudiante de derecho y líder estudiantil, que en 1974 encabezó las protestas de los sindicatos obreros unidos con los estudiantes de diversas facultades, durante el mandato del entonces gobernador Carlos Loret de Mola, quien lo mandó secuestrar, torturar y quemar vivo, antes de darle el tiro de gracia.
Al final, en el turno de Eva Macossay, hizo un repaso de las diversas protestas y luchas sociales que se vinieron haciendo en México desde los setentas, que hacia finales de los ochenta y principios de los noventa, se vieron mermadas ante las políticas represivas del estado mexicano, que sistemáticamente parecía haber eliminado el espíritu de lucha de la sociedad civil.
También habló de la labor de los medios masivos de comunicación, que a lo largo de la historia se han caracterizado por ocultar y tergiversar todo movimiento civil en contra del gobierno, como lo demostraron los encabezados de la mayoría de las publicaciones periódicas del país al día siguiente de la masacre de Tlatelolco –salvo algunas honrosas excepciones, como la revista ¿Por Qué?-.
El cuarto poder, omnipresente en los hechos más relevantes y sangrientos del siglo XX mexicano, se encargó de poner un cerco mediático cuando surgió en 1994 el EZLN, la matanza de Aguas Blancas en 1995, la de Acteal en 1996, hasta llegar al CGH que tomó en 1999-2000 las instalaciones de la UNAM, las violaciones a los derechos humanos en San Salvador Atenco y la brutalidad en contra de la APPO en Oaxaca, hechos más recientes en la conciencia ciudadana.
Finalizado el resumen de la desagradable historia contemporánea de nuestro país, de manera muy elocuente acabó exhortando ante un auditorio lleno a los estudiantes de la actualidad y su labor como universitarios, ya que su trabajo siempre ha ido de la mano con los cambios sociales y luchas de protesta más significativos de México.
“No sólo se trata de estudiar por estudiar, sino qué hacer con los conocimientos adquiridos, que son herramientas y armas que se pueden usar a favor de los que carecen de educación. Gracias a esas batallas hemos conquistado libertades ganadas con sangre, por lo que cabe preguntarnos en la actualidad: ¿dónde están los estudiantes?”, sentenció ante el silencio de los universitarios ahí presentes.
La respuesta llegaría no con palabras, sino con acciones, ya que horas después, a las 5PM en el parque de Mejorada, se convocó a una marcha para conmemorar el 2 de octubre del ´68 con rumbo a la plaza grande. Ahí estuvimos los universitarios, estudiantes, sociedad civil y demás interesados. Una vez más, bajo el sol abrasador que descendía hacia el crepúsculo, marchamos… ¡2 de octubre no se olvida!